Frase del día

INVÍTAME A UN TANGO - MONÓLOGO RELATO

viernes, 12 de agosto de 2011 | Anacleta, Secret Agent

Qué paradito está el Blog.  ¿Me permitís este zapateo para animarlo un poquito?

Con música y todo, que entro con los deberes hechos...

http://youtu.be/EG0vvb14vDg


No, no soy la mujer que buscas: no soy de las que se quedan esperando la llamada que no han pedido, ni de las que descuelgan con el plan amortizado antes de tiempo.  Demasiado aburrido para una gran dama que vierte en la jarra diaria mil posibles salidas, o entradas, o sentadas, o nada de nada, que también se sirve una el día bien fresquito, a palo seco, que así con la mente clara la vida no pierde el tiempo conmigo y me facilita ser mi propia invitada.

No soy la mujer que imaginas, no. Me parece que a ti te convenceré antes que al resto.

No soy como esas mujeres que caminan a saltitos por haberte conocido, qué quimera más absurda, si ni yo misma se en quién me convertiré esta noche ¡cómo puedo alegrarme de una no-presencia anunciada!.   Es que yo soy de esas otras, de las que para querer conocerte necesito, además, tener ganas.

Que no soy ella, te repito.  No soy la compañera callada, amorosa, empática y caballerosa.  Ni conmigo utilizo esos trucos de vieja barata.

Y si acaso nado en piscinas ajenas lo hago con la seguridad que da el tener la piel bajo llave , no en la  fe ciega que exige la bondad que pregonas antes de que llegue cada finde semana. 

Así pues, no te confies tan pronto, que no soy de esas que desnudan su alma, por mucho que me hayas visto bailar en cueros al alba.  Te crees que si salto ya me tienes encauzada. 

Las piscinas vacías, al igual que los vampiros de feria, los relleno de nata montada.

Salto porque mi fe no se basa en cuentos de gatas salvajes.  A mi gata no le gustan las medias verdades, ni los fantasmas aplicados que cuando se han ido no dejan puesta ni la ropa de cama.
¡Por dios!  Que tú te has confundido de bigotes. Búscate si eso a una italiana.

¡No no, y no!.  No soy de esas que te rien las gracias y dejan caer los párpados a la velocidad de la cámara.  Ni en el colegio quería fingir, que se lo pregunten a las niñas que me odiaban.

No se por qué insistes, o tal vez me dejo insistir porque esto huele a fracaso.  Una vuelta de tuerca más, y dejo de jugar.

Mira que no tiento a la suerte, y en este caso me abro por ti las venas y tú te crees que me estoy acicalando.  Craso error, interpretar mis verdades.  
El  reguero de sangre me mostrará por dónde he venido y quién era antes de perderme,  que una ya ha lidiado en otras plazas, y ha visto a tantos toreros muertos como toros entre brasas. 

Nunca dejo de serte sincera, otra cosa es que tú no lo quieras entender.  No muestro hendiduras, tienes razón y pareces molesto:  soy una dama que no deja resquicios por donde tu seas capaz de llamar al autoengaño.  No soy de esas que cantan cuando introduces monedas de tu hit de amenazas.

Pareces de los que insisten por aburrimiento, así que auguro que si no existe rotura ya encontrarás la manera de salir airoso con un par de portazos:  el método menos galante de tirar las paredes abajo y demostrar con ese don de gentes que de puertas afuera te caracteriza –las mismas puertas, ojito, caballero de pacotilla, que estás derribando-, que aquí dentro no hay más que telarañas e inquina femenina.

 Inocente y repetitivo. No soy tu encantadora muchacha mudita, necesitada de amor de malotes ni de palos sin agua. 

Pareces de esos que buscan ansiosos el cajón secreto que no les pertenece,  olvidando que es más esclavo el miedo en forma de grito que el silencio anhelado.

Tu codicia convertida en ánimo destructivo.  Faltaría más, o mia o de nadie seráAl menos mientras la consumo, habla tu aura negra como la Luna, la otra, la que se ocultaba, la mala.

Los desencuentros acercan si hay buena intención, y quien así no piense, conmigo se ha equivocado ya tres partidas.  Y se ha pasado otros tantos pueblos.  Los mismos pueblos y las mismas partidas que sin comenzar ya me has negado.

No querrás tenerme mucho tiempo a tu lado.  Aún no lo sabes, porque ni siquiera te has parado a pensar, de tanto que predicas: En campo contrario no olvides dejar el arma a la entrada.  Eso siempre da confianza.

No me ensalces, que ya me estoy alejando de puntillas.  Rellenar una huella que me tienes pre-asignada resulta cansino.   Y tú con un par.  Te has olvidado -¿no escuchas cuando te hablo?- te he dicho mil veces que yo no camino más que descalza.

Te retratas, y ya me da pena insistir. Se te ve esa carrita de perrito ilusionada, contando los días que quedan para pasarme a tu lista de princesas destronadas.

Otro que se cree un príncipe, y que todas somos sus damiselas, que las carrozas vuelan hacia Nunca Jamás, que algunas aceptamos manzanas envenenadas sin poner en on  el escáner de la intuición.

Paparruchas.  Ya son demasiadas paparruchadas.

No soy ella.  Y punto final.

Esto es un sinvivir.

© Esto es un sinvivir, Saray Schaetzler

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1 comentarios:

Cosnava dijo...

Genial entrada. Muchos hombres aprenderían de ella ;) Gracias por comentar mi blog. Desde hoy sigo elclubdelosciberpoetas
Abrazos!!!

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